Turismo en Egipto
La república árabe de Egipto en el nordeste de África, posee la mayor parte de su superficie integrada en el desierto de Sahara África; es bañada al norte por el Mar Mediterráneo y al este por el mar Rojo. Egipto (o Misr, el nombre oficial árabe de origen semítico) está cerca de Asia y en la frontera con Israel y Libia. Casi todo el país es desértico, menos en las márgenes del Nilo, que cruza el país de sur a norte y donde se concentra casi el total de la población: 70 millones de habitantes (la segunda mayor población de África).
El río provee agua y energía, además de posibilitar la agricultura, que ha sido para el pueblo la principal fuente de riqueza que permitió el desarrollo de imperios, culturas y civilizaciones. Es, además, con sus casi 6.700 kilómetros de longitud, el río más largo del mundo. Para los turistas es escenario de una de las más fascinantes historias de la humanidad y es uno de los más espectaculares del mundo.
La sociedad egipcia está compuesta por una gran diversidad étnica. En su mayoría tiene sus orígenes en el pueblo semítico; hay una minoría de beduinos, con organización tribal y prácticas nómadas en el este desértico del país. La tercera etnia más importante son los nubi, pueblo africano asentado durante miles de años en el Alto Nilo. Existe un gran legado étnico de los pueblos que han pasado por el territorio, desde los romanos, los griegos, a los turcos, circasianos, y más recientemente, ingleses y franceses. Hay minorías cristianas; los coptos, ortodoxos (menos del 10% de la población), y otras iglesias. Es un pueblo muy amable y lleno de sabiduría, mitos y creatividad; adoran a los dioses, y fueron capaces de crear el calendario egipcio a principios del tercer milenio antes de Cristo. El primer calendario solar conocido de la historia dividiendo el año en 365 días y el mismo que utilizamos hoy.
Egipto es fascinante no solamente por sus hechos o por su importancia en la historia, sino porque se trata de un lugar lleno de mitos y misterios que superan la imaginación. Como si no bastase, también tiene una exquisita gastronomía, deportes como el criquet, las sensacionales playas de arena blanca del Mediterráneo y los corales del mar Rojo, que tornan Egipto como uno de los mejores puntos del buceo del mundo. Además se encuentran allí muchas ciudades fascinantes donde se mezclan las túnicas con los Levis y Reeboks y en donde el principal paseo se hace arriba de un camello.



Saqqara
Entre el V y el IV milenio antes de Cristo, diversas culturas agrícolas se desarrollaron en el delta y el valle del río Nilo. Los primeros pobladores prehistóricos evolucionaron paulatinamente desde una sociedad de cazadores-recolectores seminómadas a agricultores sedentarios. La agricultura supuso un paso importante hacia una colaboración mutua entre los egipcios con el fin de controlar y aprovechar las crecidas del río y, por lo tanto, hacia la civilización. El Nilo era además el medio navegable que facilitó la comunicación entre zonas alejadas, propiciando una organización unificada. De este modo, las distintas culturas de Egipto se polarizaron en dos entidades políticas; el Alto y el Bajo Egipto. En el Alto Egipto, la colonia más importante era Nejen, cuyo líder llevaba una corona blanca en forma de cono y su emblema era la planta del junco. En el Delta, la capital era Buto; su líder llevaba una corona roja y su símbolo fue la abeja. Se ha atribuido la unificación de las dos tierras a Nármer, Menes, hacia el año tres mil antes de Cristo, quien desvió el Nilo para construir Menfis. Fue el primer rey del Egipto histórico. La escritura apareció y se desarrolló en esta fase que comprende las dos primeras dinastías, en las que el Estado, unificado en el aspecto político, surgió plenamente.
La historia del Antiguo Egipto está dividida por un historiador egipcio llamado Manetón, doscientos ochenta antes de Cristo, en treinta dinastías reales, desde Menes hasta Alejandro Magno. Estas dinastías se agrupan en tres periodos principales; el Imperio Antiguo o Edad de las pirámides, el Imperio Medio y el Imperio Nuevo.
El Imperio Antiguo abarca desde la tercera, 2700 antes de Cristo, hasta la sexta dinastía, 2200 antes de Cristo, fue una época de importantes logros. El Imperio Antiguo forjó y consolidó el sistema político, cultural y religioso con la aparición de una monarquía cuyos rasgos más notables son la respetación absoluta del faraón y un poder político fuertemente centralizado.
Esta época surge marcada por la influencia del faraón Zóser, quien traslada la capital a Menfis y extiende el Imperio Egipcio por Nubia y el Sinaí, y por el comienzo de erigir grandes pirámides y monumentales conjuntos en piedra. El rey Zóser, fundador de la III dinastía, reforzó el atributo divino Ra en detrimento de Horus. Los reyes fueron considerados desde entonces hijos directos de Ra, absoluta representación divina. La fuente de poder del monarca se transformó. El rey ya no era hijo o representante de Horus, sino de Ra.
La III Dinastía fue la primera de las ubicadas en Menfis, y su segundo soberano, Zóser, reforzó la unidad política al unir el símbolo del norte y el del sur en su construcción funeraria en Saqqara. En general, la III Dinastía marcó el principio de la edad de oro de una nueva y vigorosa cultura.
El rey Zóser tuvo la inmensa suerte de tener como consejero a un sabio llamado Imhotep. Es el primer científico de la historia. Alcanzó gran renombre como médico cuyas facultades curativas eran casi mágicas; de hecho, muchos siglos después fue incluido en el panteón egipcio como padre de la medicina y como representante del atributo divino curativo. Más tarde, los griegos identificaron a Imhotep con Esculapio.
Aparte de su fama legendaria como médico y científico, Imhotep fue sin duda el primer gran arquitecto. Fue él quien emprendió la construcción de la mastaba de Zóser, que iba a ser la mayor de las construidas hasta entonces, además lo fue de piedra en vez de ser edificada en ladrillo, y que evolucionó a la forma de una pirámide escalonada. Esto satisfizo sin duda la necesidad de Zóser de impresionar a los egipcios con el primer modelo del montículo primordial construido en piedra.
Los egipcios observaron que la suerte de tener un valle irrigado de forma natural dependía de una doble fueza; el sol y el río. Además de su fuerza creativa, el sol tenía poderes destructores. Sus rayos, que hacían crecer las cosechas, podían secarlas. Y el río, que enrequecía el suelo con sus depósitos de minerales, podía arrastrar cualquier cosa que se pusiese en su camino, o si por el contrario, su cauce no subía lo suficiente, podía provocar el hambre.
Estos dos fenómenos impresionaban profundamente a la población por sus dos facetas, muerte y vida; el sol que moría al atardecer por el horizonte occidental, renacía por el Este a la mañana siguiente; dependía únicamente del río la fertilidad o renacimiemto de la cosecha después de la muerte de la tierra cada año.
Esta natural teoría de renacimiemto después de la muerte está en la base de la creencia de los antiguos egipcios en la vida de ultratumba. Tan inevitable como que el sol sale cada mañana es que el hombre vuelva a nacer después de la muerte. Cada año la crecida del Nilo fertilizaba la tierra y cada año se retiraba dejando sus campos vacíos, un ciclo que se repetía con una frecuencia y puntualidad asombrosa en el que la tierra nacía y moría, de la misma manera que Osiris, símbolo de la fertilidad, se enfrentaba con Set, símbolo del desierto, para morir en sus manos y volver a nacer indefinidamente.
El nombre de Saqqara viene de Sóquer. Era protector de los muertos y patrón de los herreros. Era símbolo de la oscuridad, de la Duat (el Mundo Inferior) y la decadencia en la Tierra. Sóquer, hombre momificado con cabeza de halcón. También fue representado como un halcón. En el Periodo Tardío puede tener forma de toro o apariencia momiforme, con cabeza humana y en algunos casos de halcón, tocado con dos plumas.
En sus orígenes fue símbolo de la Tierra y la fertilidad. Su principal misión, denominada el ba de Ra, el espíritu de Ra, era guardar la entrada a la Duat, y habitaba en una caverna secreta, llamada Imhet “La puerta de caminos”, situada en lo más profundo del Mundo Subterráneo. Alimentaba el corazón (ib) de los finados siendo responsable de que se cumplieran las transformaciones del difunto.
Poseía una extraña barca, Henu, que contenía su imagen momiforme, guardada por genios. Cuando su barca surcaba el río subterráneo, al llegar al desierto, tenía que transformarse en una serpiente para poder avanzar por sus arenas. Por eso, Sóquer llevaba el epíteto de «El que está sobre su arena». Se le asoció con Petah en la dinastía quinta, siendo los sacerdotes de Petah también de Sóquer. Se le vincula con Osiris en los Textos de las Pirámides.
En el Imperio Medio se le venera como Petah-Sóquer-Osiris, en Abidós. Desde la primera dinastía, es venerado en la necrópolis de Saqqara, Menfis y los lugares funerarios tanto reales como populares. Representa a la Vía Láctea en el zodiaco de Dándara. Su principal fiesta era celebrada cada seis años.
El conjunto arquitectónico es un recinto rectangular, rodeado por un perímetro de muralla de 1642 metros, 544 por 277. Encierra en su interior una pirámide escalonada junto a otras edificaciones que acogían las salas ceremoniales y los almacenes, así como un conjunto de tumbas. La muralla, de diez metros de altura, presenta en todo su recorrido acanaladuras verticales de ángulos rectos, contrafuertes, con el fin de fortificar su construcción. Tiene catorce puertas falsas, que tal vez representan las puertas de los siete cielos y las siete tierras. Tras la única puerta accesible, se alzan veinte columnas de 6.6 m de altura a ambos lados del pasillo, sobre las que descansaba un techo, debidamente tallado en forma de troncos de palmeras.
La puerta es muy estrecha, sólo tiene un metro de anchura, porque tal vez representa la entrada a la Duat, guardada por Sóquer. Las columnas que se alzan a ambos lados del pasillo conforman 42 capillas. Al comenzar su segunda vida, el difunto debía pasar la prueba del juicio final ante un tribunal de cuarenta y dos representantes del otro mundo o, más bien, de las cuarenta y dos comarcas egipcias, presididos por Osiris. Dicho juicio se celebraba en la sala de Maat, símbolo de la verdad y la justicia, y empezaba con el peso del corazón. Así pues, este lugar representa la sala de Maat. También Maat era el símbolo del equilibrio cósmico, representado en una dualidad de veintiuna capillas a ambos lados del pasillo y en el techo con los seguidos vanos abiertos en lo más alto de los dos muros con el fin de imitar la cúpula celestial, dando una sensación de dos niveles horizontales.
La sepultura meridional contiene un pozo de 28 metros de profundidad y 7 de anchura que representa un cenotafio. Además una cámara de granito y una sala con estelas. Originalmente debió contener los vasos canopes con las vísceras del rey. A su lado se encuentra una capilla que contiene el friso de las serpientes. Ustedes se acuerdan del barco, Henu, que se convertía en una serpiente para poder avanzar por el desierto y proteger la momia del difunto. Así pues, esa serpiente era la protectora de la momia y, sobre todo, de los vasos canopes con las vísceras del difunto.
Las primeras tumbas eran pozos circulares u oblongos, donde se inhumaba a los difuntos en postura fetal. Simbolizaban una matriz que iba a dar luz nuevamente, una referencia al renacimiento. Las moradas de los muertos se indicaban con un conjunto de piedras que dio origen a los túmulos que representaran el montículo primordial. Más tarde, las tumbas tomaron la misma forma que tenían las casas con el objeto de que el difunto se sintiese mejor acogido.
La posterior evolución de las construcciones funerarias es una conjugación de estos dos tipos de tumbas. Así, el simple hoyo excavado en la tierra se cubre exteriormente con piedras y arena, formando de este modo un bloque macizo rectangular sostenido por muros de ladrillo en talud. Esta estructura exterior rectangular evolucionó, siendo el origen de la posterior mastaba que antecedió a las colosales pirámides.
Senefru es el único faraón que construyó tres pirámides: una en Meidum y dos en Dahshur. La evolución de las tres pirámides es la búsqueda de la pirámide perfecta para imitar la forma sagrada del montículo primordial y superar a sus antecesores.
La primera pirámide que Senefru construyó fue la Pirámide escalonada de Meidum fue el segundo intento de construir una pirámide. Su construcción fue realizada a través de una planta cuadrada, sobre la que se levantó seis niveles que iban decreciendo en tamaño cada vez que se iban alzando, dándose la imagen de una estructura escalonada. Luego tras terminar esta fase se le añadió un nuevo escalón en lo alto y en cada uno original se le puso otro (para darle más volumen). Esta estructura que a simple vista parecía sólida en su núcleo era inestable, pues, al sumarle el peso de las rocas calizas puestas en el exterior para parecer caras planas, se vino abajo.
Tras el fracaso de Meidum el faraón comenzó a construir otra nueva pirámide en Dahshur, conocida como la Pirámide Acodada. En ella se empleó nuevas técnicas de construcción pero volvieron a fracasar. La pirámide se comenzó a construir con hiladas de piedras y una pendiente de 60º, pero a los 35 m de altura debieron cambiar de pendiente porque aparecieron problemas de fisuras interiores y exteriores, algo que volvió a pasar en los 50 m y tuvieron que volver a cambiar la pendiente. El resultado final fue una pirámide distorsionada que en la parte superior presenta una acusada desviación en la inclinación de sus lados, motivo por el que ha recibido el nombre de Pirámide romboidal o Torcida.
El último intento de Senefru fue la Pirámide roja (nombre venido por el color de sus piedras) y tuvo éxito. Su altura es de 104 m y fue construida a partir de hiladas de bloques grandes y pulidos, paralelos a la base, como ya sería costumbre en las pirámides posteriores.
Frente al lado sur de la pirámide de Zóser, se levantan los únicos vestigios de la pirámide de Unas, último faraón de la V dinastía. Su pirámide tiene una peculiaridad, pues es en ella donde se encontraron los primeros «Textos de las pirámides». Todas las cámaras y pasillos interiores se hallan grabados y pintados con grandes textos jeroglíficos. Los textos funerarios más antiguos del mundo. Es una recopilación de fórmulas mágicas para ayudar a superar los peligros que acechaban a los difuntos en su viaje hacia el mundo de Osiris.
El patio más pequeño está concebido para celebrar la carrera ritual del faraón, la fiesta del Heb Sed, en la que el rey demuestra a sus súbditos que todavía está en plena forma y tiene energía para prolongar su mandato. Con esta carrera ritual, el faraón afirma que será el rey de ese pueblo en la otra vida.
El rey era el representante de todo el pueblo, el intermediario entre los hombres y Dios. Si se garantizaba la supervivencia del rey, quedaba pues resguardada también la vida de todos los demás grupos y la continuidad, por tanto, del ciclo anual del Nilo con el desbordamiento de sus aguas.
El fin que se proponía con las pirámides o con la forma piramidal no sólo era preservar y proteger los cuerpos de los faraones para la eternidad, sino también presentar una forma sagrada y simbólica del montículo primordial, El big Bang, que surgió de las aguas primigenias, del océano primordial, y sobre el cual se inició la creación del mundo. Construir una pirámide era un proyecto común, dado que el pueblo iba a disfrutar de vida eterna junto a su rey.
La pirámide escalonada, desde el punto de vista arquitectónico, no es sino una superposición de seis mastabas para dar mayor monumentalidad y guardar una proporción de escala armónica frente a la gran muralla. Con posterioridad, se rellenaron los huecos entre las diferentes terrazas, dando origen a la forma característica de las pirámides. Bajo la pirámide se encuentra la cámara sepulcral, en la que se guardaba el sarcófago y el ajuar funerario, con otras cámaras adyacentes unidas por un corredor laberíntico. La pirámide, que actualmente tiene unas medidas de 140 x 118 m y 60 m de altura, creo que sigue estando cerrada al gran público debido al peligro existente de derrumbamiento.
Zóser fue el pionero de edificar el Serdab: edificio que guardaba la estatua del faraón. En 1924 se halló esta estatua, se trasladó al museo de El Cairo y se construyó en su lugar original una réplica exacta.
LA MASTABA DE MERERUKA
Es una de las más interesantes de Saqqara. Fue descubierta en 1893. Mereruka fue un visir durante el reinado de Teti. La mastaba está dividida en 32 salas, pertenecientes al propio Mereruka, su esposa y su hijo. Entre muchas de sus escenas destaca una en la que se aprecian a unos hombres pescando con redes de arrastre manual sobre canoas de papiro. Otros relieves muestran a un hombre llevando ganado, dentro de diferentes imágenes que muestran la vida de los pastores. También es curioso la elaboración de gargantillas y collares por enanos paticortos (un motivo habitual en las tumbas egipcias durante el III milenio a. de C). Otras imágenes muestran hienas de aspecto feroz.
LA MASTABA DE KAGUEMNI.
Kaguemni fue ministro de justicia en la VI dinastía. Sus paredes más interesantes quizás sean las de la capilla. En ellas se han representado escenas de rituales y varios desfiles de ofrendas ante la momia.
LA MASTABA DE PETAH-HOTEP Y AJTI-HOTEP.
Petah-Hotep fue visir e inspector de las pirámides de la V dinastía. Construyó una tumba para él y para su hijo. Junto con la de Mereruka, está considerada la mejor de Saqqara. Sus relieves muestran principalmente escenas de agricultura. Entre estas también destacan algunos individuos haciendo un inventario de vacas, ocas y patos, en una inspección de las pertenencias de la hacienda del visir Petah-Hotep. También se muestra la elaboración de pequeños esquifes de papiro. Estas ligeras embarcaciones eran perfectas para los pastores que debían atravesar canales y para los cazadores que perseguían a sus presas en las marismas del Nilo. De estas marismas también se aprecian algunas imágenes de vida silvestre y gran variedad de aves que eran capturadas por hombres al acecho, mediante pequeñas redes que se cerraban cuando las aves se posaban para comer.
SAMIR AHMED HIWEG _ GUÍA TURÍSTICO _ EGIPTO
Hola Samir, opino que eres el mejor guía que he conocido, eres hospitalario, estudioso, conoces mucho de tu país y te gusta compartir con la gente lo que sabes. En los escritos que he leído de ti veo la buena redacción y ortografía, cuando te conocí me dí cuenta ello y veo que sigue ese gran interés. Te conocí porque me perdí en el Cairo el primer día y tu te encargaste de encontrarme y presentarte personalmente con tu amigo Mohamed, yo viajaba cuando una chica que trabajaba en la embajada de Chile en Israel. Bueno hay mucho que contarnos. Ligia Stella